En Londres, miles de voces se han reunido para denunciar la represión en Irán y acompañar el miedo de quienes no pueden regresar. Las movilizaciones en Londres llenan plazas y puentes con consignas en persa.
Entre banderas previas a la República Islámica y fotos de detenidos, la diáspora iraní pide algo más que gestos simbólicos al Gobierno británico. Quienes marchan reclaman un apoyo a las protestas dentro de Irán que incluya sanciones selectivas y protección para refugiados, y denuncian las maniobras del régimen de Teherán para silenciarles mediante apagones digitales y censura internacional.
Voces de la diáspora y llamados a la acción del Reino Unido
Las calles cercanas a la embajada de Irán en Londres y a Downing Street se colmaron este domingo con miles de manifestantes que secundaron el eco de las protestas iniciadas en Irán a finales de diciembre. Procedentes de la diáspora iraní asentada en el Reino Unido, muchos acudieron en familia, con fotografías de personas detenidas o desaparecidas en su país de origen. Las consignas evocaron que las marchas dentro de Irán comenzaron el 28 de diciembre por el aumento del coste de la vida, pero que el foco se ha desplazado hacia la denuncia del autoritarismo en Teherán. Organizaciones como Iran Human Rights, con sede en Noruega, estimaron en al menos 192 las personas fallecidas desde el inicio de la revuelta, cifra repetida con rabia y preocupación.
Queremos una revolución, queremos que este régimen caiga.
Afsi, iraní residente en Londres
Los testimonios personales aportaron un tono aún más sombrío a la concentración frente a la sede del Gobierno británico. Afsi, un iraní de 38 años que vive en Londres desde hace siete años, contó que lleva más de 60 horas sin noticias de su familia por el apagón de comunicaciones, mientras exigía un abierto cambio de régimen en Teherán. Fahimeh Moradi, de 52 años, indicó que su hijo participa en las protestas en ciudades iraníes y que desconoce si sigue vivo. Muchas voces entremezclaron lágrimas y rabia al describir detenciones masivas, disparos en las calles y toques de queda. Entre las demandas más repetidas se oyeron propuestas como :
- Imponer sanciones dirigidas a altos cargos iraníes responsables de la represión.
- Suspender acuerdos comerciales y de seguridad con Teherán.
- Apoyar el acceso libre a internet y a herramientas de comunicación cifrada.
- Dar refugio y protección a quienes huyan de la persecución política.
- Reforzar el seguimiento independiente de las violaciones de derechos humanos.
Las consignas políticas se transformaron en nítidos llamados al Gobierno británico para que abandone cierta prudencia diplomática y adopte una postura más firme frente al régimen iraní. Asistentes vinculados al Consejo Nacional de la Resistencia Iraní exigieron que el Reino Unido declare al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica como organización terrorista, algo que juzgan una medida disuasoria frente a nuevas matanzas. Asimismo se pidió a la comunidad internacional coordinar respuestas que vayan más allá de las declaraciones simbólicas y que incluyan presión económica, aislamiento diplomático y apoyo al movimiento democrático dentro de Irán. El mensaje dominante apuntó a que el silencio externo alimenta la impunidad de las fuerzas de seguridad iraníes.
Intentamos que el mundo nos escuche. La gente está siendo asesinada en Irán y necesitamos que los gobiernos, especialmente el británico, hagan algo.
Sassan, ingeniero iraní de 34 años
Símbolos, tensiones y el impacto de los cortes de internet
La imagen de la protesta en Londres quedó marcada por los colores y emblemas que evocaban la historia reciente de Irán. En la multitud se alzaron banderas históricas previas a 1979, con el león y el sol, junto a banderas israelíes que buscaban subrayar el rechazo al discurso oficial de Teherán. La presencia de activistas de distintas corrientes ideológicas evidenció una oposición plural, unida por la denuncia de la represión. Entre ellos destacaban miembros del Consejo Nacional de la Resistencia Iraní, que alzaron pancartas pidiendo la inclusión de la Guardia Revolucionaria en las listas de organizaciones terroristas. La mezcla de símbolos monárquicos, laicos y de grupos organizados provocó debates internos, pero también una sensación de urgencia compartida.
Las tensiones se habían hecho visibles ya la víspera, cuando un manifestante logró sustituir durante unos minutos la bandera de la República Islámica en la embajada por la de la época del Sha, antes de que la Policía interviniera. Al mismo tiempo, los testimonios sobre los prolongados cortes de internet en ciudades iraníes atravesaron la concentración, acrecentando la angustia de quienes no pueden contactar con familiares. El bloqueo, que superó las 60 horas según varios asistentes, obstaculiza la verificación independiente de las más de 192 muertes denunciadas y limita la circulación de vídeos de las protestas. Para los exiliados, esta interrupción digital no solo es una herramienta de censura interna, sino también un intento de impedir que el mundo vea la magnitud de la represión.



