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Xavier Bautista

EE.UU. insiste en su apuesta por Delcy Rodríguez y descarta influencia de María Machado

Washington reordena sus fichas frente al poder chavista y sitúa a Delcy Rodríguez en el centro del tablero, mientras la figura de María Corina Machado se difumina en los pasillos diplomáticos.

Las discusiones internas en Washington sobre la política estadounidense en Venezuela mezclan cálculos de seguridad, presiones económicas y escenarios que contemplan incluso la captura de Nicolás Maduro como punto de quiebre hacia una transición política inmediata, aunque nada está realmente cerrado ni garantizado todavía.

Rubio define prioridades tras la captura de Maduro

Tras los movimientos judiciales recientes de Estados Unidos contra Nicolás Maduro, el senador republicano Marco Rubio ha buscado fijar un marco de prioridades para la política hacia Venezuela. Desde esa mirada, plantea que la Casa Blanca trabaje con una agenda a corto plazo centrada en seguridad, gobernabilidad y apoyo humanitario, mientras se mide cada paso para no desatar represalias dentro del chavismo. En sus últimas declaraciones de Marco Rubio en entrevistas con NBC, CBS y ABC, el legislador recordó que buena parte de la dirigencia opositora continúa exiliada, encarcelada o inhabilitada, por lo que cualquier reconfiguración del poder es frágil. Su argumento es que la respuesta de Washington debe aliviar la actual crisis institucional venezolana y contener a redes criminales o grupos armados que puedan aprovechar un vacío.

  • Contener el deterioro del aparato militar y policial mientras se mantiene presión política.
  • Garantizar canales de ayuda humanitaria bajo supervisión de organismos internacionales.
  • Coordinar con aliados europeos y latinoamericanos una postura común frente a Caracas.
  • Reforzar la presión judicial y financiera sobre figuras clave del chavismo.

Desde el Senado, Rubio advierte que las próximas semanas y meses pueden inclinar el futuro político venezolano hacia una transición pactada o hacia un ciclo de confrontación. Por eso reclama que Washington concentre recursos diplomáticos e inteligencia en ese lapso, con el propósito de influir en los mandos militares y policiales que todavía sostienen al régimen. Para él, la combinación adecuada pasa por sanciones selectivas, incentivos económicos sujetos a condiciones claras y respaldo activo a organismos multilaterales que supervisen lo que ocurre sobre el terreno. La meta declarada consiste en que cualquier cambio de poder venga acompañado de un calendario verificable de reformas políticas y económicas, resguardado por garantías internas y externas que reduzcan el riesgo de nuevas fracturas dentro del Estado venezolano.

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Delcy Rodríguez como interlocutora y la postura de Washington

La figura de Delcy Rodríguez genera posiciones encontradas en Estados Unidos, pero ha ido ganando espacio en los análisis sobre quién puede negociar una salida política en Venezuela. Para sectores pragmáticos, explorar una posible interlocución con Delcy Rodríguez tendría sentido si ella controla resortes clave del poder económico y de seguridad, algo que distintos informes atribuyen a la vicepresidenta. En ese marco, la postura de Washington oscila entre la presión sostenida y la apertura selectiva de canales de diálogo, siempre condicionados a gestos verificables como la liberación de presos políticos o la habilitación de actores opositores. Analistas cercanos al trumpismo han señalado que, a diferencia de Maduro, Rodríguez podría estar más dispuesta a pactar garantías personales a cambio de un proceso de transición con supervisión internacional robusta.

A tener en cuenta: desde 2017, Estados Unidos mantiene sanciones personales sobre Delcy Rodríguez, lo que obliga a cualquier canal de diálogo a pasar por licencias específicas del Departamento del Tesoro.

Los debates sobre mesas giran en torno a la utilidad de incorporar a Rodríguez a espacios de diálogo, como los que han tenido lugar en México o Barbados con mediación internacional. Diplomáticos consultados señalan que todo cambio de rol para la vicepresidenta debería ir acompañado de mecanismos de verificación de las negociaciones con Caracas y del cumplimiento de acuerdos, en especial en materia electoral y de garantías para la oposición. Washington ha dejado claro que considerará aliviar sanciones si observa avances concretos: cronogramas realistas de elecciones libres, presencia de observación independiente, control de los recursos derivados del petróleo y respeto a los resultados. La posibilidad de que Rodríguez se convierta en interlocutora depende de que acepte someterse a condicionamientos externos de carácter político y jurídico.

Impacto en la oposición y el rol de María Corina Machado

La reacción de Washington frente a la figura de María Corina Machado llegó pocas horas después de la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores en Caracas por parte de fuerzas estadounidenses, operación que los dejó ante tribunales de Nueva York por narcoterrorismo y corrupción. Rubio reiteró que la prioridad serán las próximas “dos o tres semanas, dos o tres meses” y no escenarios lejanos. Bajo esa lógica, el liderazgo de María Corina queda relegado a un segundo plano, pese a su perfil de dirigente intransigente frente al chavismo. Trump llegó a declarar que “sería muy difícil” que Machado asumiera la presidencia porque, a su juicio, no tiene suficiente apoyo ni respeto dentro del país, comentario que la aleja de una parte de la oposición tradicional más amplia.

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En el campo opositor, la apuesta de Washington por Delcy Rodríguez como interlocutora genera fricciones visibles. Varios partidos y movimientos que respaldan a Machado sostienen que abrirle espacio político a la actual vicepresidenta implica desconocer la fragmentación opositora causada por años de represión, exilios forzados e inhabilitaciones. Rubio, al poner en duda la legitimidad electoral 2024 sin ofrecer un calendario concreto de votaciones, deja indefinido el papel que podría desempeñar la oposición organizada en los futuros comicios. La ausencia de figuras de peso dentro de Venezuela, tal como recordó el secretario de Estado, dificulta que Machado transforme su capital simbólico en influencia sobre las decisiones inmediatas que se negocian entre Washington y los poderes que siguen activos en Caracas.

“María Corina Machado es fantástica (…), pero aquí está la realidad a la que nos enfrentamos, la realidad inmediata que es que, lamentablemente, la gran mayoría de la oposición ya no está presente en Venezuela.”

Marco Rubio, secretario de Estado de EE.UU.

Petróleo, sanciones y apuestas de inversión en Venezuela

Las presiones económicas siguen siendo la herramienta central de Washington tras la caída de Maduro. El embargo sobre el petróleo venezolano ordenado por Trump permanece vigente y Rubio recordó que las sanciones al crudo permiten a la Casa Blanca conservar margen de maniobra. A ese esquema se suma la constante incautación de tanqueros señalados por transportar cargamentos venezolanos en el Caribe, táctica usada en las últimas semanas para recortar exportaciones. En paralelo, Trump anunció que empresas de Estados Unidos planean invertir “miles de millones de dólares” para rehabilitar una infraestructura petrolera deteriorada, mientras Rubio anticipa interés de compañías occidentales que no provengan ni de Rusia ni de China.

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Rubio destacó que la infraestructura de refinación de Estados Unidos mantiene una capacidad para procesar crudo pesado venezolano, un tipo de petróleo que escasea en el mercado internacional. En ese marco, las refinerías Costa del Golfo aparecen como el destino de una inversión petrolera privada, condicionada a que Caracas avance en la transición política que reclama Washington. El secretario de Estado mencionó contactos con los titulares de Interior y Energía para preparar un desembarco de compañías, sin precisar plazos ni nombres concretos. Mientras tanto, advirtió que Venezuela seguirá bajo presión hasta que “se aborden los problemas” heredados del Gobierno de Maduro, con sanciones energéticas como eje de la estrategia estadounidense.

“Hasta que Venezuela aborde los problemas que tenía bajo el Gobierno de Maduro, que aún persisten, seguirá enfrentando presión por parte de EE.UU.”

Marco Rubio, secretario de Estado de EE.UU.

Cuba y el alcance regional de la política estadounidense

Cuba vuelve a situarse en el radar de Washington cada vez que se discute una transición política en Venezuela. Tras los últimos movimientos estadounidenses y las reiteradas referencias públicas al “problema” que representa La Habana, analistas de la región subrayan que la isla ha sido un sostén político y de inteligencia del chavismo desde los primeros años de Hugo Chávez. Esa influencia cubana sobre las estructuras de seguridad y aparatos de información de Caracas se percibe como un factor clave para la estabilidad del poder bolivariano, lo que alimenta el debate sobre la relación entre Cuba y Venezuela y su impacto en intento de cambio. La Casa Blanca ajusta cuidadosamente mensajes, pero deja claro que no comparte ni la agenda ni el modelo político defendido por Miguel Díaz-Canel.

Las implicaciones de Cuba desbordan el terreno estrictamente bilateral y alcanzan hoy a la cuenca caribeña. Washington asocia el papel de La Habana con asuntos como el flujo de migrantes, la cooperación policial, las rutas del narcotráfico y la presencia de actores extrarregionales como Rusia o China. Desde esa óptica, cada ajuste en los vínculos entre La Habana y Caracas se examina también como un asunto de seguridad regional en el Caribe, más que como una simple disputa ideológica. La discusión incluye escenarios de negociación, posibles alivios de sanciones y exigencias de apertura política, siempre con la mirada puesta en cómo movimientos podrían repercutir sobre la estabilidad de los gobiernos vecinos y sobre los equilibrios internos de la propia Cuba.

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